Monday, June 5, 2017

Apuntes sobre la unidad


       La unidad no es un evento espontaneo;  esta es un proceso que se  construye, y requiere crear mecanismos que  fortalecen la confianza  entre aquellas y aquellos que con  diferentes intereses políticos, buscan crear alianzas, juntes para alcanzar uno o dos objetivos en común que avancen en última instancia la concreción de la independencia y descolonización, en nuestro caso de la matria.  Este es un proceso de negociación, de hacer compromisos y necesita entonces distinguir entre los que son nuestros principios y aquellas áreas que se pueden negociar, en las que se pude posponer  y ceder en nombre de unirnos en causa común sin comprometer  por la unidad. 
 
          Los  llamados de unidad se piensa pueden lograrse en la fuerza  de las buenas intenciones de quien las propone; esto es contraproducente porque se transforma en una táctica para castrar el análisis crítico para evaluar el proceso de construir la unidad.  Tan pronto se levanta un señalamiento crítico que se opone a la visión de quien hace el llamado,  se  etiqueta  a quien hace la crítica: “no quiere  trabajar en unidad”, “no es inclusivo”, por ejemplo.  Esto resulta la  unidad de “buena fé” se convierte en un dogmatismo inclusivista, anti-liberador, anti-descolonizador. 

          Hay que cuidarse de confundir la unidad con la homogeneidad.  Hacerlo, niega la posibilidad de que existan diversas tácticas en el proceso unitario, al plantearse que todo el mundo tiene que seguir la misma táctica.  Esto elimina la posibilidad de la creatividad y enriquecimiento de las acciones de lucha.  Es una visión mecanicista de la unidad, las tácticas se ven como un fin en vez de como un medio para alcanzar un fin, en nuestro caso la independencia y descolonización del país.   

          Por último, muchos llamados de unidad no surgen desde la comunidad, del pueblo.  No se calibran desde los niveles de concientización política de nuestras comunidades. Ignoran la necesidad apremiante de implementar actividades para levantar el análisis crítico-político del pueblo que sirvan como pilares transformadores de la gente en un proceso descolonizador.  Los llamados de unidad parecen ser dictados desde las cúpulas o intelectuales de la nación, esquivando la sabiduría y conocimientos de las comunidades y sus luchas diarias de resistencia y liberación.
                    Hoy se hace un llamado a la unidad para avanzar un proceso descolonizador, pero el mismo no parte desde el pueblo; por eso el trabajo fundamental crear espacios de conversación y análisis crítico con las comunidades se descarta; se excluyen estrategias fundamentales para asegurar un verdadero proceso de descolonización;  dan legitimidad política a  status que no son descolonizadores; legitiman discursos ideológicos de dominación que enajenan al pueblo; incluyen cómplices del coloniaje, dirigentes de partidos, en vez de trabajar con el pueblo en procesos de concientización política, todo por creer que la descolonización llegará por default. 

Las  crisis son oportunidades para crear, partiendo desde un proceso de unidad junto al pueblo. No hacerlo postergara su definitiva descolonización e independencia y por ello la historia nos juzgará.  La descolonización requiere hablar con claridad al pueblo, expresar que la única vía descolonizadora es la independencia,  explicarlo con pasión, con militancia desde el pueblo y con el pueblo.  Esa debe ser la verdadera y cierta unidad, construyendo y creando nuestra liberación y descolonización de la matria. 

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