Apuntes sobre la unidad
La unidad no es un evento espontaneo; esta es un proceso que se construye, y requiere crear mecanismos que fortalecen la confianza entre aquellas y aquellos que con diferentes intereses políticos, buscan crear
alianzas, juntes para alcanzar uno o dos objetivos en común que avancen en
última instancia la concreción de la independencia y descolonización, en
nuestro caso de la matria. Este es un
proceso de negociación, de hacer compromisos y necesita entonces distinguir
entre los que son nuestros principios y aquellas áreas que se pueden negociar,
en las que se pude posponer y ceder en
nombre de unirnos en causa común sin comprometer por la unidad.
Los llamados de unidad
se piensa pueden lograrse en la fuerza de las buenas intenciones de quien las propone;
esto es contraproducente porque se transforma en una táctica para castrar el
análisis crítico para evaluar el proceso de construir la unidad. Tan pronto se levanta un señalamiento crítico
que se opone a la visión de quien hace el llamado, se
etiqueta a quien hace la crítica:
“no quiere trabajar en unidad”, “no es
inclusivo”, por ejemplo. Esto resulta la
unidad de “buena fé” se convierte en un
dogmatismo inclusivista, anti-liberador, anti-descolonizador.
Hay que cuidarse de confundir la unidad con la homogeneidad. Hacerlo, niega la posibilidad de que existan
diversas tácticas en el proceso unitario, al plantearse que todo el mundo tiene
que seguir la misma táctica. Esto
elimina la posibilidad de la creatividad y enriquecimiento de las acciones de
lucha. Es una visión mecanicista de la
unidad, las tácticas se ven como un fin en vez de como un medio para alcanzar
un fin, en nuestro caso la independencia y descolonización del país.
Por último, muchos llamados de unidad no surgen desde la
comunidad, del pueblo. No se calibran desde
los niveles de concientización política de nuestras comunidades. Ignoran la necesidad
apremiante de implementar actividades para levantar el análisis
crítico-político del pueblo que sirvan como pilares transformadores de la gente
en un proceso descolonizador. Los
llamados de unidad parecen ser dictados desde las cúpulas o intelectuales de la
nación, esquivando la sabiduría y conocimientos de las comunidades y sus luchas
diarias de resistencia y liberación.
Hoy se hace un llamado a la unidad para avanzar
un proceso descolonizador, pero el mismo no parte desde el pueblo; por eso el
trabajo fundamental crear espacios de conversación y análisis crítico con las
comunidades se descarta; se excluyen estrategias fundamentales para asegurar un
verdadero proceso de descolonización;
dan legitimidad política a status
que no son descolonizadores; legitiman discursos ideológicos de dominación que
enajenan al pueblo; incluyen cómplices del coloniaje, dirigentes de partidos,
en vez de trabajar con el pueblo en procesos de concientización política, todo
por creer que la descolonización llegará por default.
Las
crisis son oportunidades para crear, partiendo
desde un proceso de unidad junto al pueblo. No hacerlo postergara su definitiva
descolonización e independencia y por ello la historia nos juzgará. La descolonización requiere hablar con
claridad al pueblo, expresar que la única vía descolonizadora es la
independencia, explicarlo con pasión,
con militancia desde el pueblo y con el pueblo.
Esa debe ser la verdadera y cierta unidad, construyendo y creando
nuestra liberación y descolonización de la matria.
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