Agroecología Liberadora y la Lucha por la Descolonización
E Independencia de Puerto Rico
“Aquellos que hacen de la objetividad
una obsesión solo buscan desatenderse de las injusticias y el dolor que existe
en el mundo” Eduardo Galeano
En la lucha por la descolonización e
independencia de Puerto Rico, el establecimiento, la creación, la
implementación de proyectos agro-ecológicos fundamentados en un profundo
compromiso descolonizador son esenciales y necesarios. La agroecología liberadora es mucho más que
un colección de técnicas y métodos para implementar y desarrollar un proceso de
producción y cosecho que impacte menos al ambiente e interaccione con el
ecosistema local regional de manera que fortalezca, que promueva, la diversidad
biológica del proyecto agrícola.
La agro-ecología liberadora tiene
varías raíces fundamentales que son necesarias para que sirva de vehículo de
descolonización y liberación a nuestras comunidades y humanidades. Porque el lastre colonial y opresivo persiste
no solo en las naciones que todavía son colonias, pero tienen sus vestigios
explotadores en los sistemas de producción agro-industriales capitalistas, que
reproducen los mecanismos de extracción de riqueza y explotación de la
naturaleza, creando contextos sociales de desigualdad política y económica.
La práctica de la
agroecología debe impactar las dimensiones físicas, espirituales, emocionales y
mentales del individuo y de la comunidad de manera que fortalezca, aumenté,
sostenga, el mejoramiento de la salud e integridad de quienes practican la
misma y la comunidad que recibe y goza de los diferentes procesos que son parte
de las prácticas agroecológicas liberadoras.
¿Por qué usamos agro-ecología
liberadora? Desde nuestra visión de
creación el uso de la palabra popular conlleva una dimensión castrante y
confundidora, no siempre todo lo popular es liberador. Precisamente porque la masificación cultural
de procesos de opresión son “populares” ya que las clases opresoras utilizan
esa popularización como las herramientas efectivas de normalizar actitudes
opresivas en la comunidad y de esa manera normalizar los procesos de
persecución y acecho de nuestra gente, atándolas a creencias que niegan la
completa expresión de su humanidad, de su esencia liberadora, solidaria y
amorosa. Un ejemplo real de esta
disyuntiva es la manifestación de las actitudes machistas de muchas y muchos
que reflejan los pilares del patriarcado en la construcción de la cultura y
actitudes populares en la colonia-capitalista.
Esas creencias y actitudes son populares, en el sentido de ser aceptadas
como generalmente “naturales” en la sociedad, en la comunidad. Y llegan inclusive afirmarse, cuando se
señala el comportamiento a transformarse, que eso es ser radical, o se recurren
a hacer cuenta de manera tokenista en las instancias, eventos y actividades en
las que se ha ensalzado a la mujer en el trabajo comunitaria-político.
La agro-ecología liberadora tiene
que tener como pilar un componente de acción-reflexión que no se reduce a la
siembra y trabajar en la tierra, que es fundamental también. Este componente
acción-reflexión-práctica-reflexión-acción, tiene a su haber que crear y
fortalecer, identificar y alentar, las interconexiones que este proceso de
construir la agroecología popular fortalece, crea, enaltece, en sus dimensiones humanas, culturales,
sociales, políticas, eco-sistémicas al ser humano que las asume, y por ende a
la comunidad que los incorpora, en un proceso de liberación social-político. Y en nuestra nación de Boriken, esta dimensión
de la agroecología es necesaria y fundamental para aquellas y aquellos
abocados, comprometidos con el proceso de liberación, descolonización e
independencia nacional para nuestro pueblo.
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