La Masacre en la ciudad de Orlando, Florida
Ya va casi una semana dónde los medios
de desinformación y adoctrinación masiva, manipulan y ferozmente sacian su
morbo publicitario-corporativo, con el manejo del evento de odio, muerte y
terror en un club Pulse, en la ciudad de Orlando. Una profunda tristeza nos agolpa el corazón;
las lágrimas a caudales en un declamar de melodías que preguntan, que en
militancia van desvainando el decir-acción, que enciende el fuego del trabajo por la
creación de un mundo en justicia, respeto y amor para cada uno de nuestras
hermanas y hermanos, seres humanos que nos acompañan en este vuelo de vida. No puede haber cabida en la sociedad del ser
humano nuevo, para el patriarcado y sus expresiones homofóbicas, racistas, clasistas.
La masacre en Orlando contra una bandada
de seres humanos que solo querían ser respetados, amados, y amar debe sacudir
las fibras de nuestras almas generando na energía de liberación y creación y
transformación en amor y paz que derroque la creación de espacios para que esto
no vuelva a suceder.
Ese acto cruel e injusto, arraigado en una profunda raíz homofóbica, una
de las expresiones de la jerarquía patriarcal-capitalista en la que se erige la
nación estadounidense, tiene que ser condenado sin dorar la píldora: al pan,
pan y al vino, vino. Porque los vientos
de odio, la intolerancia dogmática religiosa, la complicidad del estado con las agendas
dictadas desde los farisaicos recintos de iglesias fundamentalistas (de las que
están choretas en los EEUU y en nuestra nación) son cómplices de esa
masacre. Su intolerancia y oposición de
crear seres pensantes, con mente crítica, con aceptación de la diversidad de
vivires, sentires y amares, es una amenaza su bolsillo y es raíz causal de la
violencia cotidiana que sufren muchos sectores criminalizados por sus sermones
y su dogmatismo, que en este caso se concretó en este vil acto contra las
hermanas y hermanos de la comunidad LGBT.
Esta raíz fundamentalista crea las condiciones
sociales-culturales donde brevan los pasos causales que alimentan las
construcciones para crear jerarquías sociales-culturales que promueven la
discriminación y la intolerancia hacia la comunidad LGTB en específico y contra
los señalados como marginales y descartables en general. El
dogmatismo religioso que muchas y muchos fomentan en una ideología de odio, de
condena, de pecado, de acecho, tienen responsabilidad moral y espiritual en
legitimar con sus discursos, con sus mensajes, las acciones que acontecieron en
Orlando pero más importante la violencia social-cultural cotidiana que enfrentan las hermanas y hermanos de
LGTB. ¿Cuántas familias, acosadas por
las farisecas moralidades religiosas contra las hermanas y hermanos de la
comunidad LGBT, viven un infierno total cuando choca el profundo amor por su
hija o hijo gay y su “violación” a los preceptos religiosos que promulgan?
¿Cuánto dolor y violencia enfrentan los hermanos y hermanas de la LGTB, que
enfrentan las posibilidades de ser acosados, de burla, de discriminación, de
violencia emocional y espiritual y física?
Hay que condenar la intolerancia, el
odio en contra de saberes, decires, amares, diversos que hacen la experiencia
rica de la vida en nuestra nación y en esta tierra, en este globo terráqueo que
hemos tenido la oportunidad de crear y amar.
La persona que cegada por su odio visceral, por su homofobia, por su
ceguera espiritual de no entender y ver el valor de todas las vidas, de todas
las poesías hermosas de lucha y creación en nuestros hogares, en nuestras comunidades,
en nuestra nación.
Por otro lado, es muy hipócrita de los EEUU,
aunque no nos sorprende, el que en su sistemática actividad de control social,
inmediatamente, con la complicidad de los medios corporativos de
desinformación-adoctrinación masiva, quieren avivar el fuego del terrorismo. Sin prueba alguna, halándolo por los pelos,
quieren recalcar esto como un acto de terrorismo atado a la guerra
internacional de injerencia e invasión que sostiene al imperio estadounidense.
Políticas de intervención e injerencia estadounidense, que fomentan, que promueven,
violencia letal globalmente y cuando esas estructuras políticas han
estado aliadas a sectores igual de retrógradas del fundamentalismo religioso
estadounidense.
Otra dimensión sumamente importante,
desde la perspectiva de la nación borinqueña es que la mayoría de los seres
humanos asesinados en Orlando son boricuas.
Ya sean de una generación de hermanas y hermanos que nació en el exilio
o de hermanas y hermanos que a raíz y por consecuencias de las políticas
coloniales de violencia económica-social-política se vieron forzados a
exiliarse del archipiélago boricnano. Raíces causales también de las
generaciones de exiliados que a lo largo de la historia desde la invasión y la
agresión económica militar estadounidense ha sido el caldo de cultivo para
atacarnos, para despoblar la territorialidad y crear mecanismos de control
social-cultural que les permita al imperio poder explotar a su colonia.
La presencia de la extensa comunidad
borincana en Orlando está atada directamente a las políticas
militares-económicas sociales que sostienen la explotación de la colonia y que
sufre nuestra nación en manos de los EEUU desde el 1898. Y esa dimensión, esa conexión es invisibilizada,
es marginada en los análisis y en la diseminación y discusión de los eventos de
Orlando, Florida. Las narrativas que
justifican ese exilio son varias, pero dos fundamentales que se escuchan, claro
ocultando la raíz opresiva colonial, es el partir de la nación buscando mayor
seguridad y el de lo corrupto que está nuestra nación. La primera se cristaliza con la idea de la
criminalidad en Puerto Rico. Pero se
obvia, por ejemplo, que los EEUU es uno
de los países más violentos del planeta.
Se obvia que los EEUU es el país campeón en generar dinero en la
producción y venta de armas a nivel global.
Se obvia que los EEUU es, dentro de los mal llamados países
industrializados, el campeón en masacres de civiles, desde antes y después de
su nacimiento como nación independiente.
La segunda narrativa de la corrupción,
hay que escarbar un poco más para desenterrarla. En EEUU, existe una generalización del
público de la necesidad de legislar los que llaman “políticas públicas de
posesión de armas lógicas.” Según muchas
encuestas públicas, el público estadounidense parece estar de acuerdo de que
una regulación mínima más estricta para la compra y acceso de armas de fuego es
necesario. Sin embargo, los congresistas
políticos estadounidenses, en la corrupción legalizada que es el sistema de
donaciones políticas ignora las exigencias del público estadounidense ya que
están en los bolsillos de los cabilderos y cabilderas de la industria militar y
de armas que son los que pagan y compran legislación y políticas públicas. Esto no quiere decir que crea que este tipo de
crimen contra la humanidad se pueda evitar regulando el acceso a armas, lo
traigo como ejemplo de la mentira y la narrativa colonial en Puerto Rico de que
en los EEUU no hay corrupción y se usa de excusa para ocultar la raíz colonial
de los retos que enfrentamos en
Borinken.
La masacre en ese club de Orlando,
donde la gran mayoría de las personas asesinadas son compatriotas nuestros nos
debe llevar a una profunda reflexión sobre la visión e implementación de la
nación que anhelamos y queremos en colectivo.
Nos debe llevar a una reflexión de la necesidad de eliminar los
vestigios coloniales de opresión que causan el exilio de nuestra gente. Tenemos que denunciar todo tipo de violencia
y como pueblo en colectivo apoyar, crear espacios de solidaridad, esperanza e
inclusión a la rica diversidad de decires, experiencias, conocimientos, que
hacen de la nación boricua, aquí en la territorialidad del archipiélago y en el
exilio global, que a pesar de más de 500 años de enfrentar el coloniaje,
español y estadounidense, todavía somos y vivimos y nos identificamos como la
Nación Borincana. Debemos acudir y ser
solidarios con todas las familias y la comunidad aquí y en el exilio que
dolorosamente e injustamente se le arrancó de sus cielos un ser amado. Tenemos que proactivamente no dejar pasar ni
una sola acción desde los fundamentalistas religiosos que promuevan el odio, la
intolerancia contra cualquiera de nuestras hermanas y hermanos que piensan y
viven sus vidas en general y en específico contra nuestras hermanas y hermanos
de la comunidad LGTB. Y finalmente,
tenemos que organizarnos en nuestras comunidades, en nuestros municipios, en
nuestras regiones para crear y seguir implementando la visión de una matria
erigida en los pilares del amor, la solidaridad, la reciprocidad, la
diversidad, el respeto a la vida y la justicia.
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